
La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones, que produce el desgaste del cartílago. Esta erosión, con el timpo, provoca incapacidad funcional y altera el cartílago articular del hueso opuesto, de la propia articulación que, a su vez, comienza a sufrir el mismo proceso. De este modo, llega un momento en que los cartílagos pueden desaparecer, surgiendo un fuerte dolor.
A medida que desaparece el cartílago, el hueso reacciona y crece por los lados, generando la consecuente deformación de la articulación. Es así por lo que cuando existen defectos de alineación de la articulación, las tensiones no se reparten uniformemente y quedan zonas o puntos de la cabeza femoral que soportan un exceso de carga. Es ahí cuando nace la artrosis.
Además de los defectos en la articulación, el exceso de peso, las alteraciones del cartílago articular, las infecciones, los trastornos metabólicos o los procesos endocrinos son otras de las causas que propician la artrosis de cadera, que es frecuente entre los 40 ó 50 años. Esta enfermedad afecta, de igual manera, tanto a mujeres como hombres ya que aumenta con el paso de los años tendiendo al empeoramiento.
Además de las causas expuestas con anterioridad, la artrosis cuenta también con factores metabólicos, aunque no son causa directa de su existencia, pero predisponen a padecerla. Se trata de los siguientes: gota, ocronosis, diabetes, hemofilia y afecciones del tracto intestinal. Incluso se suman transtornos de insuficiencia renal o transplantes renales, factores constitucionales y hereditarios, así como el uso prolongado de corticoides.
El dolor de la artrosis de cadera puede surgir en la nalga, en la parte externa del muslo, en la ingle e incluso en la rodilla. Estos dolores que no encuentran explicaciones locales son a menudo secundarios de una afección de la cadera. Aparecen, como habíamos comentado, limitaciones funcionales, disminuyendo el perímetro de marcha, dificultando la subida de escaleras o entorpeciendo la operación de ponerse los calcetines o atarse los cordones de los zapatos.
Posteriormente, aparece la cojera con una forma de andar muy típica: el tronco se balancea del lado afectado cuando se apoya la pierna afectada. En muchos casos no hay concordancia entre las imágenes radiológicas y las molestias.
¿Siempre hay que operar?
Existen dos casos en los cuales la operación resulta inevitable. El primero de ellos, cuando se produce la pérdida de movilidad casi total para realizar actividades ordinarias, como por ejemplo poder agacharse a recoger un objeto tirado en el suelo, sentarse o levantarse de una silla. El segundo parece lógico. Cuando el dolor es tan constante e insoportable que el paciente no quiere seguir viviendo con esta artrosis de cadera.
Para evitar que una artrosis de cadera sea nuestro peor aliado deberemos tomar algunas prevenciones que nos ayudarán a evitarla. La alimentación incorrecta es uno de los factores importantes en este proceso. Tanto el hueso, como el cartílago y el resto de los elementos de la articulación se encuentran en continuo proceso de nutrición y regeneración.
En este sentido, una mala alimentación, con pocas frutas y verduras y llena de bollería industrial y pan, es uno de los factores desencadenantes de la artrosis de cadera. Por eso motivo habrá que limitar en la dieta el consumo de carnes, fritos o embutidos. Por contra, debemos añadir a nuestra vida diaria una alimentación sana y variada, frutos secos y cereales integrales.
Por: David Aguilera
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Categorías: General, Medicina preventiva


