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La tensión alta en la infancia es un mal que empieza a detectarse cada vez con más frecuencia, y no porque antes no existiera, sino porque ahora, quizás, se presta más atención y se diagnostica antes. Podría decirse que un niño hipertenso presentará el mismo problema, agravado, en la edad adulta.
El mejor indicador para saber si un niño padecerá de hipertensión cuando sea adulto es la tensión sistólica, aunque siempre hay factores en contra que impiden hacer una predicción infalible, ya que los niños presentan más problemas a la hora de la medición: no se están quietos, lloran, hablan, les queda grande el medidor, etc.
El aumento de la obesidad infantil ha hecho que se haga una llamada de atención sobre este factor de riesgo que, a la larga, puede desembocar en enfermedades cardiovasculares que podrían ser tratadas de manera preventiva si se hace una detección precoz del problema.
Todo ello, junto con un control regular de la tensión, nos ayudará a reducir los riesgos de desarrollar ciertas enfermedades crónicas como la diabetes de tipo 2, la obesidad, una cardiopatía o el síndrome metabólico.
Por: Ana Belén Fernández


