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¿Qué es la neumonía?

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La neumonía es una enfermedad infecciosa del sistema respiratorio  que consiste en una inflamación del pulmón, causada normalmente por una infección. Esta inflamación provoca un enrojecimiento del tejido que forma los pulmones, así como hinchazón y dolor, y puede ser visualizada en una radiografía de tórax.

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Si no se detecta a tiempo puede llegar a ser una edad grave y causar la muerte, especialmente en las personas de edad avanzada, inmunodeprimidos, personas con fibrosis quística, niños con enfermedades crónicas, bebés prematuros, así como toda persona que presenta otro problema de salud, aunque puede afectar a cualquier persona y grupo de edad. En los países desarrollados es la sexta causa de muerte y en los países más pobres cada año mueren millones de personas, por lo que es una enfermedad que siempre hay que tener en cuenta. Sin embargo, en la mayoría de casos los pacientes con neumonía sólo requieren ser tratados por sus médicos de cabecera y no necesitan de ingreso en un hospital. Precisamente, la Neumonía nosocomial (NN) es la que se adquiere durante la estancia en un hospital después de las 48 horas del ingreso del paciente por otra causa. Por el contrario, la Neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es toda aquella que se adquiere fuera de un hospital.

Las neunomías surgen cuando un germen infeccioso llegan al pulmón. Estos gérmenes pueden llegar por tres vías distintas: por aspiración desde nariz o laringe, por inhalación o por vía sanguínea. La vía más habitual de entrada de estos microorganismos es desde las vías respiratorias más altas: boca, nariz y laringe, ya que en estas zonas se encuentran de forma habitual un gran número de bacterias.

Las tres causas más habituales de infección de la neumonía son por bacterias, hongos y virus. Los principales síntomas derivados de la enfermedad son los siguientes:

– Normalmente, le precede una gripe o catarro común.
– Fiebre continuada por más de tres días, llegando a ser muy alta.Puede estar acompañada de escalofríos.
– Frecuencia respiratoria aumentada.
– Hundimento de las costillas con la respiración facilmente observable
– Las fosas nasales se abren y se cierran rápidamente.
– Quejido en el pecho de tipo asmático al respirar.
– En muchas ocasiones se presenta una expectoración de tipo muco-purulento (amarillenta).
– Limitación respiratoria.
– Dolor torácico de características pleurítica, que se intensifica con la respiración profunda y con la tos.
– Hemoptisis o expectoración de sangre por la boca al toser.
– Síntomas como disnea, anorexia, astenia y adinamia.
– Taquicardia, taquipnea y baja presión arterial, ya sea sistólica o diastólica.
– El síndrome de condensación pulmonar suele ser claro.
– Disminución de la expansión y de la elasticidad torácica y aumento de las vibraciones vocales
– Además, el paciente infantil tiene otros síntomas como piel fría, tos intensa, se encuentra como decaído, casi no llora y puede presentar convulsiones. También se pone morado cuando tose, se niega a comer y prácticamente no reacciona a los estímulos.
– En las personas mayores de 65 años en muchas ocasiones los síntomas se manifiestan de una forma mucho más sutil que en personas jóvenes.

Neumonia

Ante cualquier indicio o síntoma hay que acudir al médico para que nos haga el diagnóstico y establezca en tratamiento adecuado. Normalmente, un examen físico y la historia clínica bastan para determinar si el paciente padece de neumonía. También puede ser necesario una radiografía del tórax y  análisis de sangre.

El tratamiento depende de la causa que ha originado la enfermedad enfermedad. En la mayoría de casos, es tratada con antibióticos orales, que dependerán también del tipo de neumonía. La presencia de complicaciones, en los casos de niños con fiebre alta y dificultad para respirar, pacientes en los que la infección se ha podido pasar a la sangre y personas con enfermedades crónicas, puede requerir que se hospitalicen.

Como en toda enfermedad, la prevención es fundamental aunque hay pocas medidas para evitar su aparición. Algunas de las medidas para prevenir la neumonía incluyen el lavado frecuenta de manos, no fumar, usar mascarillas cuando se limpian zonas con polvo o moho. La vacunación anual antigripal también puede ayudar a prevenir su aparición, ya que la neumonía suele aparecer en muchos casos después de una gripe. También hay una vacuna para la neumonía de tipo neumocóccica, que representa un 25% de todas las neumonías. También es importante que las personas con asma, bronquitis crónica o bronquiectasias inicien tratamiento antibióticos en cuanto aparecen síntomas de infección respiratoria.