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Todo lo que necesitas saber sobre el etiquetado del agua mineral

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El agua mineral cuenta con numerosas propiedades y beneficios para nuestro organismo. Además de permitirnos cubrir las necesidades de agua que necesitamos para vivir, cada uno de sus componentes presenta una serie de cualidades beneficiosas para nuestra salud. Eso sí, hay que estar muy pendiente del etiquetado de la botella o garrafa, ya que debe cumplir siempre con las normativas y ofrecer a los consumidores toda la información necesaria sobre el producto. Del mismo modo, no podrán prometer efectos medicinales ni propiedades curativas, ya que estarían infringiendo la normativa.

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La normativa sobre aguas envasadas es clara y establece una serie de requisitos obligatorios. Así, debe informar sobre su composición, el lugar de origen y fecha preferente de consumo. Asimismo, pueden contener, de forma opcional, consejos sobre la manipulación y el consumo del producto, tales como “Proteger de la luz solar”, “Conservar en lugar limpio, fresco y seco” o “consumir en los 2-3 días siguientes a la apertura”.

Con la etiqueta, la empresa envasadora se hace responsable de la identidad, calidad, composición e integridad del producto en los envases que están perfectamente cerrados y no deteriorados. Por su parte, los consumidores debemos estar siempre pendientes de su conservación o de una indebida manipulación, porque los deterioros en el producto serían responsabilidad nuestra.

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En cualquier caso, las normas sobre el etiquetado de envases de agua y de aguas envasadas obligan a los fabricantes a incluir siempre datos sobre la denominación de venta, fecha de consumo preferente, composición analítica y tratamientos legalmente permitidos.

Las propiedades permitidas en los etiquetados y sus sus requisitos son:

· Mineralización muy débil (hasta 50 mg/l de residuo seco)
· Oligometálicas o de mineralización débil (hasta 500 mg/l de residuo seco)
· Mineralización fuerte (más de 1.500 mg/l de residuo seco)
· Bicarbonatada (más de 600 mg/l de bicarbonato)
· Sulfatada (más de 200 mg/l de sulfatos)
· Clorurada (más de 200 mg/l de cloruro)
· Cálcica (más de 150 mg/l de calcio)
· Magnésica (más de 50 mg/l de magnesio)
· Fluorada o que contiene fluoruros (más de 1 mg/l de fluoruros)
· Ferruginosa o que contiene hierro (más de 1 mg/l de hierro bivalente)
· Acidulada (más de 250 mg/l de CO2 libre)
· Sódica (más de 200 mg/l de sodio)
· Indicada para la preparación de alimentos infantiles o para dietas pobres en sodio (hasta 20 mg/l de sodio).
· Puede tener efectos laxantes
· Puede ser diurética

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Todas estas menciones pueden incluirse en base a análisis físico-químicos y, si fuera necesario, de exámenes farmacológicos, fisiológicos y clínicos efectuados según métodos científicamente reconocidos, según señala la normativa referente a este tema.

Todas las aguas envasadas deben incluir en su etiquetado la denominación de venta para permitir su comercialización. Si se ha añadido anhídrido carbónico al agua, se podrá utilizar la expresión “Gasificada”. Actualmente, están permitidas las siguientes denominaciones de aguas naturales:

· Aguas minerales naturales
· Aguas de manantial
· Aguas potables preparadas
· Agua potable preparada procedente de manantial o captación
· Agua de abastecimiento público preparada

Respecto a las más comercializadas de todas, las aguas minerales naturales, su origen sólo puede ser subterráneo y su brote, de manantial, lo que permite que conserve intactas todas sus características minerales y de composición. La etiqueta debe informar siempre del nombre del manantial o captación, así como del lugar de explotación; si es de origen español debe añadirse el municipio y la provincia.