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La miopía es una defecto ocular bastante común en nuestra sociedad y que puede afectar a más del 25% de la población. Antes de pensar en operarla, hay que saber a qué nos enfrentamos.
La miopía es un defecto de la visión provocado porque los rayos luminosos procedentes de objetos situados a cierta distancia del ojo forman foco en un punto anterior a la retina. El principal síntoma de la miopía es que no se ve bien de lejos pero sí de cerca. A medida que aumentan las dioptrías tendrá que acercarse más y más los objetos para poder verlos bien. Esto provoca otro efecto secundario: dolor de espalda, de cuello, etc, ya que se adoptan posturas inconscientemente para acercanos más a los objetos que de lejos no vemos.
La miopía es una malformación que puede ser hereditaria en muchos casos pero en otros muchos se trata de una “adaptación” del ojo a una visión más apropiada para funcionar en distancias cortas. La miopía infantil empieza a aparecer cuando el niño muestra cierta predisposición a forzar la vista de cerca. Si se corrige la deficiencia al 100% puede aumentar la miopía, por lo que no se recomienda usar gafas de las mismas dioptrías que se tengan sino algo menos, es decir: si tiene 2,50 las gafas deben ser de 1,77 o 2.
Tampoco hay que olvidar que aún se desconoce cómo evoluciona el ojo a largo plazo tras una operación y que es muy difícil que la operación elimine definitivamente el 100% de la miopía.
Por último, recordar que existe un método de corrección de la miopía que es la ortoqueratología, un entrenamiento visual que puede ofrecer muy buenos resultados y no entraña ningún riesgo.
Por: Ana Belén Fernández
Etiquetas: ojos, operaciones, Tratamientos
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