El síndrome de hiperactividad, conocido como el TDAH (Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad), es una entidad clínica caracterizada por niños que presentan una atención dispersa, que no les permite incorporar y asimilar información en forma correcta o suficiente.
Se acompaña de una marcada impulsividad, torperza motora, inquietud y poca tolerancia a las frustraciones.Este síndrome, siempre llamado como hiperactividad no siempre se catalogó de la misma manera ya que antes se conocía con diferentes denominaciones. Como por ejemplo: disfunción cerebral mínima, síndrome hiperquinético o síndrome del niño hiperactivo. La denominación o término actual se alcanzó después de muchos años en un intento de unificar criterios y varias opiniones.
Lógicamente no afecta a todo el mundo por igual. Está estimado que lo padezcan entre el 5 y el 9% de los niños en edad escolar, siendo bastante más frecuente en los niños que en las niñas. Aunque lo más normal es que sólo afecte a niños de pequeña edad, es posible encontrarnos a personas adultas con este síndrome. Personas inquietas que no pueden dejar de tocar cosas con sus manos y que siempre tienen que estar haciendo algo.
Este síndrome provoca cifras escalofriantes. En Estados Unidos, por ejemplo, el uso de medicacón estimulante creció desde 1991 un 700%, es decir, unos cinco millones de niños y niñas en edad escolar reciben medicación estimulante del sistema nervioso, presuntamente debido al síndrome de hiperactividad y déficit de atención. Sería algo así como si la Comunidad de Madrid al completo se medicara para conseguir no distraerse.
Otros piensan que existirían errores del metabolismo de la glucosa a nivel cerebral, tanto que proponen una dieta especial como tratamiento. En definitiva, hasta ahora no se ha podido comprobar ninguna causa en forma concreta.
Algunos ejemplos de hiperactividad:
- Tiene dificultad para mantener la atención en tareas o actividades.
- No puede seguir instrucciones y falla en terminar la tarea (no por falta de comprensión).
- Evita o se rehúsa comenzar tareas o juegos que requieren un esfuerzo mental.
- Se distrae facilmente ante estímulos externos.
- Frecuentemente mueve sus manos o pies cuando está sentado.
- Se levanta del asiento en clases o en situaciones donde no corresponde.
- Corre o salta en situaciones inapropiadas.
- Tiene dificultad para realizar actividades sedentarias.
- Está continuamente en actividad como impulsado por un motor.
- Habla demasiado.
- Comienza a responder antes de que terminen de formularle la pregunta.
Por: David Aguilera
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