
Licencia CC/autor Miguel Ángel Sánchez Rubio
Una persona padece anemia cuando los glóbulos rojos en sangre están por debajo del nivel normal. Hay muchos tipos de anemia y las causas pueden ser muy variadas: por falta de hierro, de ácido fólico, de vitamina B12, de G-6-PD, por hemolisis, por intoxicación con plomo, aplásica idiopática, perniciosa, megaloblástica, aplásica secundaria, drepanocítica…
Se puede tener anemia tras una pérdida importante de sangre, a causa de una dieta deficiente, como reacción a cierto tipo de medicamentos, por problemas en la médula ósea -que es donde se producen las células de la sangre- o como efecto secundario de otro tipo de enfermedades. En mujeres, por ejemplo, es muy común la anemia ferropénica -anemia por falta de hierro-, a causa de períodos menstuales especialmente abundantes. También es frecuente padecer anemia durante el embarazo, con ciertas enfermedades crónicas que producen la destrucción de glóbulos rojos o bajos niveles de hierro, y en personas con edad avanzada.
Los síntomas varían según el tipo de anemia y pueden estar más o menos acentuado según la persona, pero los más comunes son:
- Fatiga acentuada y pérdida de energía: cansancio y dolor de cabeza
- Aumento de la frecuencia cardíaca y dificultades en la respiración
- Dificultad para concentrarse
- Mareos, insomnio
- Color pálido de la piel
- Calambres en las piernas
La cura también varía según el origen de la anemia. El médico determinará cual es la raíz de la misma y prescribirá un tratamiento adecuado a las causas según las características específicas de cada paciente.
Por: Ana Belén Fernández

