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Jóvenes y Alcohol

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Sujeta a Licencia de Creative Commons de Atribución. Autor: Vic Lic

Después de los resultados de la última encuesta sobre drogas realizada en 1996 a escolares de entre 14 y 18 años, la preocupación de los padres por el consumo de alcohol ha ido en aumento. Y no es para menos, puesto que el 21% de los encuestados reconoció haberse emborrachado, al menos una vez, en los 30 días anteriores a la realización de la misma.

El Ministerio de Sanidad y Consumo ha iniciado varias campañas de prevención del consumo del alcohol, dando información tanto a los jóvenes como a los padres de éstos. Hoy, en CosasdeSalud recogemos los rasgos más importantes a tener en cuenta al ahora de mantener una conversación con nuestros hijos e informarles de los riesgos del consumo excesivo de alcohol.

En primer lugar, existen dos tipos de bebidas alcohólicas que sólo se diferencian en el grado de concentración de alcohol presente en ellas:

  1. Las bebidas fermentadas: como la cerveza, el vino, la sidra, etc. Cuya concentración suele oscilar entre los 5 y los 15 grados.
  2. Y las bebidas destiladas, que por el procedimiento empleado para obtenerlas, contienen una mayor concentración, entre 17 y 45 grados. Se trata del Ron, el whisky, la ginebra, el vodka, el anís, el coñac, el aguardiente, los licores afrutados y determinados aperitivos.

También existen tres grados de consumo de alcohol, y es importante distinguir entre uso, abuso y dependencia:

  1. El uso: hace referencia a aquel consumo se produce con una frecuencia mínima y en cantidades pequeñas. Por lo que no reporta problemas graves ni físicos, ni psíquicos ni sociales.
  2. El abuso: Se considera aquel consumo que puede provocar problemas e la persona, ya sean físicos, psíquicos o sociales. Además se relaciona con actividades de riesgo como la conducción bajo los efectos del alcohol, las prácticas sexuales de riesgo, etc.
  3. La dependencia: es el estadio más grave al que puede llegar una persona en el consumo de alcohol. Se trata de bebedores habituales que han desarrollado una tolerancia física a la sustancia y deben ingerir progresivamente mayor cantidad de alcohol para alcanzar los efectos de éste. Esta situación suele derivar en problemas hepáticos grabes como Hepatitis o Cirrosis alcohólica. Así como conductas compulsivas idénticas a las de otras drogodependencias.

Para averiguar el consumo de una persona existen varios parámetros. Nosotros proponemos esta tabla como referencia para hacerse una idea de las cantidades:

Hay que tener en cuenta que existen varias diferencias a la hora de hacer una valoración individual, en primer lugar hay que tener en cuenta que la defensa metabólica ante el alcohol es más baja en los menores de 17 años, por lo que su consumo a estas edades puede producir más fácilmente alteraciones orgánicas o psicológicas. Y en segundo lugar, en los adultos hay que diferenciar entre hombres y mujeres. Mientras la tasa que no deben superar los hombres en un día es de 30 gramos de alcohol puro, la de las mujeres se reduce a 20.

Fuente: Ministerio de Sanidad y Consumo de España

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