Las causas de estas caídas en edades avanzadas se pueden producir por múltiples factores, aunque la gran mayoría de ellas tienen lugar debido a los cambios que se producen en nuestros cuerpos cuando comenzamos a envejecer. Cuando vamos envejeciendo, perdemos sensibilidad en la vista y el oído, nuestras articulaciones se posicionan en nuestro cuerpo en otros lugares, acarreamos problemas de salud que alteran nuestro equilibrio o coordinación, hemos de tomar medicamentos que merman nuestra atención...
A todo lo anterior se une todo aquello que, ya en las casas, pueden provocar caídas y resbalones o las propias manías como evitar ponerse gafas cuando son necesarias, no querer utilizar un bastón o andador que facilitaría caminar mejor o el simple miedo cuando ya se ha sufrido una caída anterior.
Todos estos accidentes provocan una serie de consecuencias físicas, psicológicas y familiares que se han de tener en cuenta para evitar las caídas en edades avanzadas y para saber afrontarlas.
Evidentemente, las consecuencias que se advierten a primera vista después de una caída son las físicas. Nuestros ancianos pueden sufrir, tras una caída de este tipo, contusiones, hematomas, heridas o quemaduras. Lo mejor ante estos casos es que el anciano en cuestión sea atendido por un médico lo más rápido posible y, eso sí, es importante que no estén solos ya que muchos de ellos mueren en sus casas en solitario después de una caída de estas características.
Pero hay otras consecuencias que no son tan visibles, como las consecuencias psicológicas. Según el estudio citado anteriormente, un 25% de nuestros ancianos, después de una caída, entra en una depresión, sufre ansiedad o se reduce su autoestima, sobre todo porque no pueden moverse como antes y tienen miedo a sufrir otra caída. Además, empiezan a relacionarse en menor medida con su entorno y su estado de ánimo cada vez es más negativo.
Es en este momento cuando es necesaria la intervención de los familiares, sin obligar al anciano a hacer nada que no quiera hacer. La reacción más común es que los familiares le aconsejen al anciano a abandonar su hogar para que no esté sólo y éste se niega a dejar su casa, hecho que puede provocar tensiones familiares. Si estáis en esta situación, lo mejor es que recurráis a las ayudas sociales que el estado pone a vuestra disposición, como el servicio de teleasistencia. De esta forma, los ancianos siguen viviendo en sus casas, están atendidos siempre y vuestros miedos pueden empezar a desaparecer.
Es difícil prevenir una caída al aire libre ya que no depende de nosotros la protección de nuestros mayores. Pero sí podemos evitar las caídas, en la medida de lo posible, en las casas de éstos o en las nuestras. Algunos consejos que servirán para prevenir caídas en edades avanzadas son:
- Lo primero tener una iluminación adecuada en todo el hogar
- Si puede ser, instalar algunas luces nocturnas en la casa
- Tener cuidado con las irregularidades del suelo, ya sea en baldosas o parquet, y la existencia de cables en el mismo porque, ya no sólo los ancianos, sino nosotros también podemos sufrir una caída o un tropezón importante
- Si tenéis alfombras en casa y queréis evitar caídas, debéis o fijarlas al suelo o quitarlas definitivamente
- Prestar atención con los objetos que tenemos en nuestro camino
- Limpiar los derramamientos de cualquier tipo de líquido o productos resbaladizos
- Utilizar alfombrillas antideslizantes en bañeras y duchas
- Así mismo, y relacionado con el punto anterior, instalar asideros en el cuarto de baño que permita a los ancianos sujetarse ante, prácticamente, cualquier movimiento
- Colocar todo lo que vayan a necesitar a mano, evitando siempre que tengan que subir escaleras o taburetes para alcanzar lo que necesitan
- En último término, intentar que los ancianos vistan zapatos coon suelas antideslizantes
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